Documentos Inconclusos

Intento fallido de liberación N° 1

 

Libre estas de los fantasmas de los días de lluvia suave y sol que no quema

Del humo que dejó la hoguera del amor, de los abrazos caluroso, de las noches con los dedos de los pies enredados,  quedas libre de los quédate conmigo, no me dejes, por qué lo hiciste? huye -ya  que eres experta en eso- como el mareo de los días sin ti, tu ausencia en mis sueños cortados, como las lágrimas que me robaste, lágrimas de colores con las que un día te pinté dándome la espalda. 

Te libero aunque no tenga el poder de hacerlo, aunque no quiera hacerlo, aunque lo único que quiera sea buscarte y putearte infinitamente para luego pedirte que no me dejes. Soy un estúpido, soy un fracaso. Estoy triste. Pero soy libre. Y tú me liberaste, al mostrarte cómo eres me liberaste del amor que tenía, ahora estoy vacío, pero libre en todo caso. Te quedaste con mi amor, ya no me lo devuelvas ¡viva la libertad! 

Por dónde andarás en este mundo enfermo y triste? qué importa? no andarás conmigo. Con los pies de quién andarás errando eternamente junto a tus feos pies? qué importa? no será con mis pies. 

 

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brújula. (primera parte)

I

Salí,

 El sol gritaba y el asfalto, sordo de calor, agonizaba; ardía en rabia, yo, quien había sido tranquilidad absoluta, asesinaba transeúntes con la mirada; hirviendo, saliéndome de mí. Y me fui de ese lugar, en cada paso intentaba no romper mi cabeza contra el muro de las casas de El Consuelo, pensaba en un lago lleno de cuchillos enardecidos, rojos de dolor. No había una sola nube en el cielo, solo el sol que aplastaba toda calma, esa no es una atmósfera para una escena de desconsuelo.  Más en una ciudad tan fría como ésta, los clichés deberían de ser respetados, aún en la mayor de las tristezas. 

 

Es normal sentir una ira incontenible cuando lo único que a uno le queda de la persona que más amó es una puta jeringa con la que se drogaba, que la bella niña que destruía el mundo con sus ojos ahora sea comida de gusanos, un cadáver maloliente y pútrido, y que lo último que le haya dicho mientras botaba espuma por la boca es “no me ayude, váyase de aquí, déjeme morir en paz”. 

 

Se me hizo eterno el camino de El Consuelo al centro-son 5 minutos caminando, esta ciudad es tan pequeña como mi aprecio por la misma- cada pisada pesaba como puñalada en la esperanza, el dolor de cabeza insoportable, el ardor de los ojos, el vacío en el estómago. Y la gente, la maldita gente con sus problemas con sus historias mal escritas con sus lágrimas mal derramadas con sus afanes de no me joda tengo que trabajar no tengo plata no quiero donar sangre no tengo sangre solo tengo abismos, esa gente, tan igual a mí, tan despreciable, tan temerosa de dios, de ese dios que se caga en tu cara cada mañana mientras tú le sonríes con amor. Esa gente conglomerado de fantasmas, viscosas masas que me atacaban que me perseguían que me acorralaban, y que se iban sin hacerme el menor daño, mientras yo tiernamente imaginaba quemarlos con un lanzallamas; pero no, yo seguía caminando, y ellos seguían caminando.

 

Cinco minutos,

cinco minutos,

 hace cinco minutos murió mi novia.

 

Soy el viento de la mañana, soy el incendio del ancianato, soy el verde viento que sopla temeroso de ser soplado, soy toda la calle en frente mío. En el cielo azul un demonio de fuego, en las casas coloniales soledad, en el suelo, una brújula. Mil fantasmas, una brújula, sangre, una brújula, una brújula, una brújula; en medio de toda la desesperación y la impotencia, el delirio, el calor, hay que aferrarse a lo que sea para no cruzar el umbral que no hay que cruzar, por más absurdo que fuese. Una brújula, tirada en el suelo, dañada, del tamaño de un puño, antigua, bellísima.

 

 Cuando  la vi se me hizo curioso, podía descargar mi ira sobre ese bello objeto, podía destruirlo tan fácilmente,  pero no lo hice, el único daño que sufrió por mi parte fue una pequeña lagrima que cayó en su vidrio roto, apuntando al norte. “He perdido el rumbo, mi tristeza lo consiguió” pensé. Tomé  la brújula la guardé y me fui, necesitaba un amigo, una cerveza y un diluvio, con suerte conseguiría dos de tres.

Todas mis violencias

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Todas mis violencias

o ninguna de ellas

 Cuando llega el momento de un respiro la asfixia no permite

descansar.

Al momento de huir, al momento de acabar, al momento de hacer parte de la ceniza

Todas mis violencias y ninguna de ellas. 

¿habrá suficiente sangre dentro de mí para cubrir los mares del mundo?

Habrá suficientes pieles para lacerar cortar rasgar romper morder  dañar quemar

Habrá suficiente piel en mi piel. Habrá suficiente carne calcinada.

Mortalidades sagradas bestias celestiales.

Dios

 que añora las lágrimas de los malditos.

Toda tu violencia, amor mío.

Arriba el cielo espanta los transeúntes fantasmas

Espectros que se arrastran en el concreto, buscando un refugio

buscando salvación,

Buscando en el humo de los días una razón para seguir mirando al cielo.

La calle despiadada desesperada destruida desmedida

Moldeada de los golpes del viento de hierro y el duro castigo de los dioses

Abre sus puertas y muestra sus vísceras bombeando los cuerpos malditos de los que caminan huyendo sin huir, no hay escapatoria, sólo breves lapsos de tranquilidad que cuan ráfagas de luz

Se desvanecen en la neblina. 

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Me siento en el suelo y veo sillas

Me encuentro su ausencia, me encuentro en ella, me envuelvo en ella

Mi canción de media noche, descanso sin descanso

Sentarme a esperar, sentarme a prestar atención

¿quién es esa ausencia que me habla, que me pide que la muestre?

¿es la mía, acaso, es la de todos, es la de nadie?

Abajo en este asiento que no está, que veo con  desconcierto

Así es mi niñez, así es lo que era, así, olvidado.

De las sillas que veo, sólo una existe, una silla que no es mía,

No es mi descanso, no soy yo, no es mi tranquilidad

Color chillón que desesperadamente me retiene que todo a lo que huyo

De todo a lo que me alejo.

Me siento en el aire, me siento a esperar

¿a esperar? ¿ a esperar qué? ¿Acaso un alivio? ¿acaso algo que me obligue a levantarme?

Me levanto, hago una nueva silla, una nueva silla que no es para sentarme, es para quedarme sentado, mirando cómo la silla se sienta.

¿y quién es esa alegría que me sonríe, sentada? ¿me espera? ¿ se burla? ¿Se siente alegre de verme?

¡Qué alegría tan alegre esa!

¿quién es ese amor? ¿Quién? ¿Está ahí? ¿Soy yo acaso?

Qué amor tan amoroso, tan evasivo, tan hermoso, como yo.

¡Puedo contigo amor! Puedo contigo, puedo contigo aquí sentado.

 

D. C. n°2 -silla-

– silla-

El cielo está lejos y es gris, el día frío enfría los pies

    que ya no quieren caminar que están cansados y el frío los paraliza

Qué falta hace.

Qué falta hace un café dulce y negro, como ella, hecho por ella.

Qué falta hacen los días de mirar las nubes y pensar en ser una de ellas, recostados en el sillón

Ya los rincones del armario no huelen a su ropa, ya los vidrios de mis gafas no me dejan ver la luz.

Que vuelva.

Que vuelva pronto, que se siente conmigo. Miraremos el sol recostado en las nubes de la mañana, nos abrazaremos al frío de la luna en la noche. 

Que vuelva para hacerle macarrones con queso, para cantar canciones cursis un domingo en la mañana,  para mirarla de nuevo desde la silla, sacudiéndose el cabello

Y sentarnos juntos a comer y a ver pasar los días tranquilos, esos que fueron una vez, esos buenos días.  

Documento C.

D. C.

Carne de ángeles colgando del árbol del olvido

alas de fuego batiendo la indefensa pradera de orquídeas grises

tempestad en los ojos cansados caídos hermosos, oscuras

apariciones espontaneas de fantasmas y recuerdos,

Lanzando latigazos a la espalda, cicatrices de tornados, máscara de

Imperturbable semblante, preciosa hasta el último defecto

Nebulosa fantasía de lejanías rosas.

Aparece intermitente, pero aparece, permite este segundo, vuélvelo eterno.